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jueves, 18 de septiembre de 2014

TRAVESÍA A NADO LA PERDIGUERA-LOS ALCÁZARES


Este fin de semana ha tenido lugar en el Mar Menor la dura travesía que va desde la Isla de la Perdiguera a la localidad costera de Los Alcázares. Nuestro amigo Manuel Gil Gambín ha tenido la gentileza de realizar la crónica de la experiencia:
¡¡¡BUNZZZ, BUNZZZ, BUNZZZ!!! Suena el despertador. Son las 5:30 de la madrugada, lo apago y me giro pensando ¿¿¿Quién me mandará a mí, a meterme en estos líos???... Intento volver a coger el sueño y esperar a que el despertador vuelva a sonar en cinco minutos, pero ya es imposible, mi cabeza está en marcha y empiezo a evaluar, si no será demasiada distancia, si habré entrenado adecuadamente, si el esfuerzo al que me entrego libre y voluntariamente, merece la pena o tiene sentido alguno, y considero que sí, que si lo tiene, y me levanto de un salto sin volver a dejar que el despertador suene por segunda vez, por respeto a mis vástagos y a mi señora, que duermen cerca , mis hijos en el más dulce de los sueños y mi mujer alargando su mano y sin abrir los ojos, me dedica un ¡¡¡buena suerte!!!, que me da el ánimo suficiente para afrontar con decisión mi objetivo.
Llego a Los Alcázares un poquito antes de que amanezca y mientras espero a recoger el dorsal en forma de gorro de natación, la mañana nos regala uno de esos preciosos amaneceres, que se producen cada día sobre nuestra laguna salada y que a pesar de ser un acontecimiento diario, difícilmente se saborean con la frecuencia que debiéramos y acorde a su belleza, y pienso que tan solo esa imagen es suficiente recompensa del madrugón y del esfuerzo que me espera.

El trayecto en barco es precioso, la soledad de la isla cuando desembarcamos te cautiva y no queda rastro de esos chiringuitos que años atrás llenaban la isla de ruido y suciedad, y te das cuenta de que esta isla, como todo el mar menor, son un entorno único al que deberíamos proteger aun más si cabe.
48 personas están preparadas para tomar la salida, un número muy bajo debido a que la distancia y las medusas desalientan a muchos nadadores. Estiro un poco y me coloco mi mp3 acuático, que va a ser el encargado de poner la banda sonora a este reto al que me enfrento por tercera vez consecutiva y que inicio suavemente, una vez dan la salida, consciente de que son 6 kilómetros y que en la dosificación, está el éxito de la prueba.
La primera parte de la natación se realiza al abrigo de la isla, donde me entretengo observando el fondo y donde comienzo a ver las primeras medusas, que son un anticipo de lo que nos espera más adelante.
Voy buscando el equilibrio en cada brazada, en cada respiración, en cada patada, de forma que deslice con la mayor suavidad posible dentro del agua y voy avistando los primeros grandes bancos de medusas, ¡¡¡es bonito verlas!!!, con esa forma de platillos volantes que parecen inundar el cielo de una invasión alienígena. Analizas el banco buscando un hueco por donde pasar y mientras contemplas su belleza, eres consciente de que tú eres el intruso y que ellas tienen más derecho a estar ahí. Unas veces encuentras el hueco para pasar, pero otras veces no y tienes que llevar cuidado, ya que a pesar de que son inofensivas y no pican, el liquido que desprenden, indoloro en cualquier parte del cuerpo, te produce cierto picor en la cara y especialmente en los labios, aunque dicho efecto urticante no dura más allá de los 3 minutos.
Ya estoy en la boya que marca el kilometro 3, que es el ecuador de la prueba y es el momento de aumentar la intensidad y la potencia de cada brazada, me encuentro bien y pronto obtengo los resultados pues rápidamente alcanzo la boya numero 4, que me da un extra de motivación y me lanzo como un torpedo a por la boya numero 5, la cual alcanzo con sorprendente con extraña facilidad, ¡¡¡algo falla, algo no encaja!!!. La boya numero 5 marca el ultimo kilometro de travesía, pero según mis cálculos la costa está a más de un kilometro, ¡¡¡MIERDA, las ultimas boyas, no están equidistantes!!! y el ultimo kilometro se me hace eterno, y la costa no llega, y cada vez que levanto la cabeza todo parece estar a la misma distancia que la última vez que la levanté. ¡¡¡Hay que echar el resto Gambin!!!, me digo para mis adentros y por fin cruzo el arco de meta y alcanzo la tan ansiada botella de agua dulce, con la que llevo soñando los 20 últimos minutos de travesía. He tardado 2 horas 10 minutos, dos minutos más que el año pasado, pero mi sensación es que me he encontrado mejor y estoy satisfecho del resultado.
El club náutico nos cede sus instalaciones para una buena ducha y tras una rápida entrega de trofeos, ya que no hay categorías, nos homenajean con un suculento aperitivo que compensa con creces el escaso avituallamiento de final de travesía, donde solo había agua dulce a temperatura ambiente y donde se echa de menos alguna fruta o una simple Coca-Cola, que te haga la recuperación algo más dulce y te ayude a quitar la sensación de quemazón que el alto contenido en sal del agua te produce en la boca.
Me despido de organizadores y nadadores, y me voy inmerso en mis pensamiento, y pienso que es perfecto esto de que seamos tan solo 48 nadadores, que todo es más intimo y familiar, y que nadar no es tarea fácil, ni habitual, ni multitudinaria, y que quizás por eso el Everest lo han subido 4.000 personas y El Estrecho lo han cruzado nadando tan solo 800 y pienso si algún día lo haré, y si lo lograré, y si conseguiré hacerlo antes de que lleguen al millar…….. y pienso….. ¿Quién sabe?.

¡ENHORABUENA CAMPEÓN!